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Cómo hacer coberturas de alto riesgo en la frontera

Juan Alberto Cedillo fue el primer periodista en recorrer las calles de Allende, Coahuila, con la finalidad de dar testimonio del terror que se había vivido más de un año atrás, y de lo que aún entonces, nadie quería hablar.

Para realizar la investigación publicada por la revista Proceso bajo el título “El Apocalipsis en Coahuila”, Cedillo armó un minucioso protocolo de seguridad que incluyó un sistema de monitoreo con redes de periodistas.

Como periodista ha cubierto gran parte de los hechos de violencia derivados de la guerra de cárteles en el noreste mexicano y como escritor, tiene cinco libros publicados con la editorial Penguin Random House y uno con la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Era diciembre de 2012, cuando Cedillo pisó las tierras de la región de "los 5 Manantiales", de la cual, Allende forma parte junto con Morelos, Nava, Villa Unión y Zaragoza.

Le contaron que algo terrible había sucedido en ese pequeño municipio que está a sólo 40 kilómetros al sur de Piedras Negras, frontera con Eagle Pass, Texas. 

Ahora se sabe que en entre el 18 y el 20 de marzo de 2011, decenas de personas fueron privadas de su libertad y asesinadas por el grupo delictivo de los Zetas, sin que las autoridades les auxiliaran.

Cuando su editor en el semanario Proceso, medio para el que trabajó hasta hace unos días, le dio la asignación, era porque el entonces gobernador, Rubén Moreira, recientemente había mencionado una matanza suscitada 21 meses atrás.

Días posteriores a la masacre trascendió alguna información irrisoria en las redes sociales, sin embargo, nada más se supo, afirma Cedillo. El gobierno de Coahuila y las autoridades federales en la región se encargaron de esconder todo lo que había pasado.

Tomando precauciones

periodista frente a su computadora

Juan Cedillo comprendió que la planificación de una cobertura compleja era un factor muy relevante para reducir el riesgo durante la visita a municipios del norte del país controlados por la delincuencia organizada. Foto: Christian Conrado

Ir a esa zona del estado a reportear implicaba un riesgo mayúsculo, sostiene el reportero con más de 15 años cubriendo, desde información de negocios, política y principalmente inseguridad.

“Era cómo planear cómo ir y cómo bajar los riesgos y todo, porque ya se sabía que ahí había algo muy delicado, lo que no se sabía es que ahí vivían los líderes Zetas. Ahí vivía Miguel Ángel Treviño, Z40; Omar Treviño Morales, Z42; Heriberto Lazcano tenía un rancho ahí cerca y como pagaban mucho en sobornos, ahí estaba la élite Z, viviendo en Allende y en el norte de Coahuila. Lo tenían controlado”.

Cedillo ya había hecho cobertura para Proceso en zonas de riesgo de Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas y Veracruz. Cuando se adentraba en lugares conflictivos, regularmente lo hacía en compañía de otros reporteros, tomaban sus precauciones y tenían monitoreo constante con otros colegas.

Aprendió que la dinámica de las ciudades grandes y pobladas hacen que el riesgo sea menor. Ir a Allende y Nava representaba estar más a la vista y que el peligro aumentara.

“Ya habíamos entendido que el periodismo, cuando vas a hacer periodismo, están proscritos en esa región, la cámara, la grabadora y el lápiz. 

“La manera de operar en esas regiones como periodista, era llegar como turista o como ciudadano común y preguntar lo menos que se pueda, solamente a gente de confianza, no vas a andar preguntando en la calle: ‘¿oye, aquí por qué mataron a éste?’, ‘¿por qué sucedió esto?’”.

Esta vez, Cedillo invitó a una mujer periodista para reducir el riesgo, no obstante, éste no desaparecería.

Sabían que estaban permanentemente vigilados por los espías o “halcones” de los grupos delictivos, aunque en todo momento se hicieron pasar por una pareja de turistas y recorrieron Allende simulando estar conociendo el lugar.

periodista tom una fotografia con su camara

Cedillo en plena cobertura periodística. Él considera que esta forma de hacer periodismo, con un chaleco tipo fotógrafo, cámara visible en mano, es imposible cuando periodistas visitan municipios de alto riesgo controlados por el crimen organizado. Foto: Erick Muñiz

Aún se percibía el miedo. Nadie hablaba del tema, recuerda el periodista regiomontano, incluso, le dieron “con la puerta en las narices”.

“Fuimos a una iglesia. El padre nos corrió, y eso que era un contacto, nos corrió. Nos dijo ‘No, es que no quiero hablar’. Nos expulsó del templo porque se puso mal y (pasó igual) en todos lados donde preguntabas o donde se podía tratar de investigar. (Al) buscar en las casas destruidas, no podías andar preguntando ni tomando fotos”, detalla Cedillo.

En ese momento no entendían lo que estaban viendo. Encontraron casas destruidas, residencias sin puertas ni ventanas, con paredes demolidas; el abandono y el terror hablaban a través de una fuerte vibra negativa.

Escuchaban, observaban y en su mente guardaban la mayor cantidad de datos que podían. Al llegar al hotel escribían lo más detallado posible.

“Entonces, el periodismo que se pudo hacer ahí es muy limitado, porque a pesar de que ahora se conocen muchas cosas, en ese momento era imposible tomar la dimensión de lo que había ocurrido, porque en ese momento nadie sabía nada y sobre todo, lo más complicado era que la gente, viviendo con terror, no quería hablar, estaba totalmente callada”, explica el periodista.

La poca información que pudo obtener fue contada por un aseador de calzado que le solicitó anonimato.

“La única ventaja fue que el bolero venía de fuera de allí, iba a Estados Unidos y regresaba, él conoció las cosas y contó, pero en general la dinámica, en esa situación era extremadamente difícil de hacer periodismo, donde el terror aún permanecía por lo que había ocurrido”.

Fue así que, hasta el momento de la revelación hecha por Proceso, nadie tenía la dimensión de lo que había ocurrido, recuerda. 

Posteriormente se supo que durante aquél fin de semana trágico en Allende fueron desaparecidas más de 300 personas, aunque las autoridades sólo muestran registros de 42.

En una segunda visita a Allende fue acompañado de un fotógrafo, entrevistó a quien fue alcalde y el jefe de la policía cuando todo sucedió. 

Le contaron muchos más detalles, que, junto con otras investigaciones que incluyeron la ciudad de Piedras Negras, se fueron publicando en el portal de la revista.

Su contribución testimonial de esta historia se incrementó en 2013 cuando viajó a Austin, Texas, para cubrir uno los juicios en torno al caso y que revelaron los detalles que originaron la masacre.

“Donde testifican los capos Zetas que habían sido buscados por el asunto y ahí escucho ya todo y veo la dimensiones”.

A pesar de que estaba llevando la cobertura, el caso aún no se había vuelto mediático, lamenta, y fue en febrero de 2014 que el gobierno de Coahuila hizo el operativo de búsqueda en vida de víctimas con 250 policías federales.

Por cuestiones personales Cedillo no asistió a la exploración, sin embargo, reporteros de medios internacionales publicaron la noticia más allá de las fronteras mexicanas, lo cual le dio notoriedad y encendió la indignación mundial.

Al haber tenido la primicia, Cedillo fue y sigue siendo entrevistado por medios de comunicación de todo el mundo, incluso, su información ha sido referencia para estudios académicos del Colegio de México.

Advierte que, si bien siempre tuvo el respaldo y protección del semanario, este tipo de asignaciones no se podrían realizar sin tomar todas las medidas de protección y echar a andar un buen protocolo de comunicación con las redes de periodistas. 

Fundación de la Red de Periodistas del Noreste

Junto a otros dos periodistas, Cedillo fue parte de la fundación de la Red de Periodistas del Noreste integrada por profesionales de seis estados y que fue creada con la intención de estrechar lazos de apoyo durante la época de mayor inseguridad, a la par de impulsar la capacitación periodística.

“Como Red empezamos a hacer estos protocolos de salir juntos. Se acabaron las primicias, (fue) de, ‘a ver, te vas a mover en zonas de riesgo, comunícate’.

“Y empezó a ser un aprendizaje para ir palpando, como a prueba y error porque todo era inédito. Había una situación en donde los mismos reporteros policiacos se dieron cuenta que cuando empieza el crimen organizado a matar gente, ya no es nota policiaca, incluso ahí el lenguaje cambia”, describe.

Ante esta situación, hasta entonces ajena en el trabajo reporteril, comenta, se iniciaron las publicaciones simultáneas entre varios medios cuando tema implicaba un riesgo, con la finalidad de reducir el peligro.

“Porque si yo lo sacaba, pues tú eres el único, pero si lo sacan varios medios importantes y que fueran nacionales, tenía más peso”, advierte.

Explica que otra de las reglas que han sido aplicadas en estados como Coahuila y Tamaulipas, es firmar las publicaciones en la Ciudad de México y así aminorar la amenaza a los periodistas locales. 

En su haber, lamentablemente tiene advertencias de demandas legales provenientes de Humberto y Rubén Moreira, así como de Tomás Yarrington y Claudia Pavlovich, quienes lo han acusado de publicar información falsa como respuesta a su trabajo periodístico.

Sobre la serie sobre la matanza de Allende que reciente empezó a transmitirse en Netflix, el periodista reflexiona que, aunque está muy limitada, es positivo que el tema sea difundido como una forma de dar apoyo a las víctimas de tan terrible suceso.

Allende sigue guardando muchas incógnitas, advierte, como la cantidad exacta de víctimas, y afirma que es gracias al encubrimiento de las autoridades. 

Y promete que su investigación continuará, “es es algo pendiente que tengo”.